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<<< NOTICIAS >>> Caracas, 23 mayo 2009 Final
2008-2009 Sanvicente tiene un grupo familiar sólido, pone reglas claras a sus jugadores y sueña en grande. También quiere el trofeo de la Copa Libertadores y lo visualiza constantemente (Venancio Alcázares) En la casa de Noel "Chita" Sanvicente nunca había entrado un periodista para hacer una entrevista y en un mismo día lo visitaron dos. Algo cambió. "Cuando yo llego acá me libro de todo. A menos que me llame un jugador. El que me quiera buscar me encuentra en la cancha". Cuando el técnico del Caracas cruza la puerta de su apartamento en Las Acacias el tiempo es sólo para su esposa Bismary y sus hijos Valeria, de 9 años y Noel Alejandro de 4 años. La tarde de la visita era imposible no sentirse una excepción. Había sido gracias a su esposa. Sanvicente le consulta todo: "al tomar una decisión yo tengo un veinticinco por ciento y ella un setenta y cinco. Para hablar de contrato tienen que hacerlo con ella, porque siempre lo que me dice se da". Sanvicente tiene cuatro títulos nacionales de los nueve que posee el Caracas. En esta final ante Deportivo Italia, que comienza hoy, irá por el quinto e igualaría a Walter "Cata" Roque y Orlando Fantoni, los más ganadores del país. Pero el centro de todo es la primera clasificación del Caracas a los cuartos de final de la Copa Libertadores. Bismary Sanvicente lleva 21 años acompañando al técnico, los primeros nueve como novia del que fue jugador. Ella lo llama "Noel" en lugar de "Chita". "Creo que soy la única. Yo creía que le decían 'Chita' por lo rápido que jugaba". Sanvicente aclara: "es por un hermano mío, que tiene problemas para pronunciar, y me quedé así". Cuando lo conoció jugaba para el Club Sport Marítimo de Venezuela dirigido por "mi entrenador" -como él mismo le dice- a Rafa Santana. "Al Marítimo también le voy a estar muy agradecido". Estuvo en Mineros, Minerven y se retiró con Caracas, para iniciar su carrera de técnico de Primera División en la 2001-2002, y en las categorías menores en 1998. "El Caracas para mis hijos es muy importante porque han crecido con el equipo, y si un día me cambio, no lo van a entender. Es parte de nuestra vida y estaré por siempre agradecido, porque me han dado todo". El contrato del técnico, de 45 años de edad, termina esta temporada. Como en
casa Bismary habla con dulzura, pero a ella le toca imponer orden a los hijos. Sanvicente pica adelante: "yo soy el pan de guayaba de mi casa". "Los niños lo ven como una diversión", agrega su esposa y él confiesa: "a ellos les gusta cuando cocino. Me pongo un pañuelo en la cabeza y les canto". Cuentas
claras En el Caracas el que llega tarde tiene una multa. "Cuando ven el monto dicen: ¡qué! No lo vuelvo hacer". Sanvicente falló una vez, el día que se cayó el viaducto que comunica al aeropuerto con la ciudad. Igual pagó. "El día que nos casamos llegó a las cinco de la tarde y la boda era a las ocho de la noche", dice Bismary. "Las multas las usamos para los cumpleaños. La otra vez compramos unos lentes a 'Camarón', el niñito que siempre nos sigue. Hay unos muchachos de la escuelita que no pueden pagar la matrícula y sacamos de ahí", cuenta Sanvicente. El técnico asegura: "cuando uno es entrenador pasa a ser el psicólogo, el padre, todo", y luego es tajante "hay dos cosas que no tolero: ladrones y chismosos. Jugador que sea así lo saco o lo expongo delante del grupo. La culebra se mata por la cabeza". El ánimo del equipo es lo primero. "Necesito que los jugadores en la cancha sean amigos, porque sucede que tienen que pasarse la pelota y no lo hacen porque no se hablan. Yo no pido que sean amigos afuera, pero dentro sí. Amigo no es irse a tomar una cerveza es defender para lo que uno trabaja". Una nota
suelta "Yo sigo trabajando y el que quiera ver otra cosa que la vea. Tengo siete u ocho años metiendo al Caracas en Copa Libertadores. Llegará o no llegará, pero no me quita el sueño". La trascendencia en Copa Libertadores tampoco. "Lo veo incluso más calmado que otras veces, ya por la experiencia adquirida", dice Bismary. Su ambición es grande, pero la divide en pequeñas porciones. Por eso no se atraganta con los éxitos y la gente siempre dice que es sencillo y humilde. "Lo que se logró ya se olvida, porque siempre hay cosas más importantes. Ahora vamos por el título y ganarle en la Libertadores a esa alcabala, como es Gremio". Se imagina alzando la Copa, quiere ser campeón. "Hay que visualizarlo para que se dé". Los niños reaparecen en la sala para reconquistar su espacio. Es hora de terminar. La imagen de la virgen de Betania, su otra devoción, nos despide en la puerta de la casa. FUENTE:
María José Rey Palermo
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| Página homenaje al TetraCampeón del fútbol venezolano Club Sport Marítimo | Caracas, Venezuela 2004 | Creada
y actualizada por JAVIER
XAVIER |